La Llamada Orante nos remite a la Calma

 

La incitación de humanidad es perseverante y… desesperante.

Probablemente, el estilo de vivir de los logros, las posesiones, las ganancias… se encuentra cada vez con más competencia. La competitividad es cada vez más… persistente. Hasta el punto de que se induce casi individualmente, a cada uno, a que alcance nuevas cotas.

La calma se hace ausente.

Predomina lo insistente.

Lo creativo cada vez es más… escaso. Y se muestra como “creativo” lo repetitivo, y se tiende a recurrir a lo antiguo haciéndolo novedoso.

La Llamada Orante nos remite a la calma. A una calma que supone una actitud sin encumbramiento, sin ganancia.

Con presencia testimonial austera.

Cierto es que la “majestuosidad” del Misterio Creador es exuberante. Pero ello lo es como muestra de su infinita grandeza, no como referencia a conseguir, a lograr, a poseer.

Esa calma reclamante, orante, no es una calma de tibieza o de indiferencia. Es una calma expectante que aguarda su momento; que sabe esperar…

Que da la pausa necesaria para contemplar, ¡un mínimo!

El apresurado empeño por lograr… contrae el contagio de la prisa, de tal forma que no hay tiempo para sonrisas, no hay instantes para re-calmar la calma.

La exigencia, la exigencia permanente de resultados, de eficacias… condiciona la creatividad de lo nuevo; condiciona las capacidades de las propuestas.

La valía se hace escasa, y la tortura se hace larga.

Esa tortura de exigencia propia y del entorno.

Cada vez el ser de humanidad se secuestra más en sus seguridades, en sus decisiones… recatadas y recogidas.

Son caldo de cultivo para nuevas tristezas; renovadas depresiones.

La calma orante se precisa… para que surjan las vivencias innatas de nuestras referencias… y se tenga la sensación de certeza, con las decisiones consensuadas.

El rescate individual del desasosiego… conlleva una visión de lo que acontece, una calma que nos reclama… y un inicio de innovación ¡propio y compartido!, ¡conjugado!

Compartido y conjugado con otros… para que poco a poco se geste un sentir común.

Estamos en una hora que no admite recesos en cuanto a… renovación y rebelión del transcurrir impositivo.

Pero ese nuevo ‘pre-supuesto’, con la calma anunciada… debe saber estar a la velocidad adecuada.

La calma del silencio… es el preámbulo de la escucha.

Es la atención al detalle.

Y el descubrir la naturaleza de lo que transcurre.

 

Que la calma humilde, en piedad, sea el “AHORA” renovado… ante la conmoción persistente.

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La Oración que realizamos es una Oración que no está circunscrita a ninguna religión. Creemos que la Oración puede ser un instrumento Liberador y Sanador. Y tiene como referencia a la Creación, a las diferentes Fuerzas que nos animan sin entrar en ponerle un nombre u otro. La creencia de que la Oración es un elemento indispensable para nosotros, nos llevó a crear un espacio dedicado exclusivamente a la oración: “La Casa del Sonido de la Luz”, un lugar situado en el País Vasco , en Vizcaya, en la estructura de un caserío. Allí se realizan encuentros orantes y jornadas de retiro.

LA CASA DEL SONIDO DE LA LUZ

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“La Casa del Sonido de la Luz” ARGI DOINU ETXEA se encuentra en la localidad de Ea, Vizcaya. Un espacio abierto para los alumnos de la Escuela Neijing, los cuales pueden realizar estancias de 1 a 5 días.
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